Después de ese 31 de octubre, muchas cosas fueron sucediendo, claro está que era un juego por ambos lados. Era una y otra vez los encuentros que teníamos. Las tardes se convirtieron complices en esta relación. Pero lo simpático de todo ésto es que yo dejaba de trabajar en las mañanas en la productora de eventos, empecé a ir de lunes a viernes para conducir el programa que el canal tienen, es un magazzine con un ligero casi nada aumento de sueldo. Era el primer trabajo en mi vida que disfrutaba tanto y no era por él, sino que encontré un rubro en mi carrera que no había vivido, además no tenía presiones de horario, siempre reíamos con los chicos de producción no solo del programa, sino también con los del canal entero.
A medida que iba pasando los días cada vez tenía las ganas de avanzar, aprender, hacer y crear... entonces me quedaba en las tardes, sí esas tardes que después se volvieron complices; eran para hacer notas para el programa, me quedaba para editar, para aprender y así mismo a la par y sin pedirlo ni desearlo había algo que gustaba y era su compañía, estar a su lado y lo bien que podía hacerme sentir.
Y entre tanto querer hacer y aprender, sin querer los besos a escondidas se volvieron adicción, los abrazos más constantes y los fines de semana una perdición. Siempre había un compromiso, un quédate que hay que hacer ésto, hay que hacer lo otro. Todo era un doble filo, a medida que hacíamos algo por el canal, nuestros instintos y nuestros cuerpos también hacían de una manera que no explicábamos.
Así a medida que cada vez esto se hacía más fuerte y más intenso, no nos podíamos separar. Lo veía todos los días y el día que no lo veía era solo los domingos y aunque no lo creas lo extrañaba.
Hasta que ya no podíamos estar separado uno al otro y hasta el día de hoy estamos juntos.
Como lo digo jugamos con fuego y nos quemamos, y nos incendió un fuego interno que hasta el día de hoy consume nuestros cuerpos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario